HISTORIA DE LA LUZ.
La historia del ser humano se ha construido a través de las soluciones que este le da a las dificultades que se le van presentando y a los desafíos que constantemente se hace por entender el universo. Esos desafíos también solucionan un problema relacionado con el propio orgullo de la humanidad.

Sin lugar a dudas los esfuerzos por explicar la naturaleza de la luz han dado como resultado el avance de la física y han conllevado a construir modelos elegantes que aun, sin dar cuenta de todo, explican bastos espacios de la naturaleza. La cuestión sobre el tema de la luz se remonta a la época de los griegos; Para ellos el problema fundamental se centraba en el hecho de que las cosas se podían ver a la distancia. Empedocles en el año 500 A.C veía el mundo desde una perspectiva materialista y entonces tuvo una idea para intentar explicar, de manera fundamental, algo sobre la naturaleza de la luz y el funcionamiento del sentido de la vista. Él pensó que nuestros ojos emitían una especie de partícula que tocaba las cosas y recogía su forma. Leucipo consideró que esto era incorrecto y le pareció más sensato formular lo inverso; que las cosas eran las que emitían y nuestros ojos eran receptores. Años más tarde en el medio oriente el médico Alhazen daba la razón a Leucipo al proponer la teoría que el sol emitía luz como partículas y que por eso al mirarlo los ojos se afectaban, puesto que recibían muchas partículas que los golpeaban directamente.

Es probable que newton haya leído a los griegos detenidamente. Varios siglos después este científico se hizo famoso a través de las tres leyes que explicaban la mecánica del universo y todos reconocen que fracasó en su intento por explicar la naturaleza de la luz, basado, seguramente, en las ocurrencias de los Griegos. Newton propuso que la luz esta conformada por partículas que se estrellaban en nuestros ojos y que los diferentes colores de la luz estaban relacionadas con el tamaño de esas partículas que algunos han imaginado como pequeñas peloticas. También intentó relacionar la intensidad de la luz con el número de esas partículas o más bien con su densidad. Su intención era buena y muchas personas de la comunidad científica intentaron defender esa idea. Pero con el tiempo las pruebas que demostraban que la explicación no era esa se volvieron inocultables y las explicaciones dadas a fenómenos como el de la difracción, por ejemplo, resultaban además de poco elegantes como sus tres leyes de la mecánica, incorrectas.

En 1803 Thomas Young retomó el problema de la naturaleza de la luz y planteó la necesidad de entenderla en términos de una onda con todas las propiedades que estas tienen. A través de su idea innovadora Young estaba dando explicación a los fenómenos de difracción. Una analogía con la idea de los griegos nos lleva a pensar que si bien estos relacionaron el sentido de la vista con el del tacto, ahora Young intentaba relacionar la visión con el sentido de la escucha. En principio esa relación generaba dudas asociadas al hecho de que, por ejemplo, el sonido es una onda que atraviesa obstáculos; Pero el principio de Huygens respondía que la difracción solo es posible cuando la longitud de onda es comparable con las dimensiones de los objetos y él había explicado que la longitud de onda de la luz es muy pequeña comparada con los objetos cotidianos. Huygens también estableció una relación entre la longitud de onda y los colores y a la amplitud de la onda de la luz le asoció la intensidad que esta presenta. A través de la explicación de la naturaleza ondulatoria también se pudo justificar de manera convincente los fenómenos de difracción observados en experimentos anteriores.

Huygens fue, sin duda, un científico que aportó bastante a la comprensión de la naturaleza de la luz, sin embargo sus postulados aún no podían responder a cerca de la cuestión relacionada con el medio de propagación de las ondas; ya se había establecido que las ondas necesitan un medio para propagarse y un experimento sencillo demostraba que no era el aire ese medio puesto que aún en el vacio se veía a la luz expandirse. Para dar respuesta a esto algunos propusieron la existencia de una sustancia presente en todo el universo a la que bautizaron éter y propusieron que este era el medio de propagación de la luz, pero años más tarde el experimento de Michelson y Morley demostraría que no existe tal cosa llamada éter y que la incognita sobre la naturaleza de la luz aún estaba sin resolver.